
Noe nos dijo que las sepias eran tan inteligentes como los perros. Así que me compré una. La cosa es que me salió desagradecida y tuve que llamar al domador de sepias, que es como la
Supernanny pero con cefalópodos en vez de con niños.
Se encerró en el lavabo con mi sepia y estuvo cerca de tres cuartos de hora hablando con ella.
No tengo ni idea de lo que se dijeron, pero ahora es un gustazo oigan: se come todos los cangrejos, moluscos y camarones que le pongo, ya no me mancha el sofá de tinta y hasta me trae las zapatillas.
¡Muchas gracias domador de sepias!