
Hay una viejecita en mi barrio que anda siempre dando tumbos. A menudo, finge que está a punto de caerse y se abraza a la primera persona que pasa por su lado. Se abraza con fuerza, como si quisiera absorber su calor o algo así. Pobrecita, debe sentirse muy sola.
Así que, como buen samaritano, hoy he decidido seguirle el juego. Ha sido bonito. Creo que por un momento la he visto sonreir. Creo que por un momento ha sido feliz. Y yo me he sentido realmente bien.
Eso es todo.
Por cierto, ¿alguien ha visto mi cartera?
Creo que la he perdido.






5 comments:
Realmente precioso señor cuentacuentos.
Como para no seguir su blog, si una se encuentra con delicias como esta.
una buena historia siempre acompañando a una ilustración. ahí le he visto hábil para llamar mi atención!
y por cierto... quiero con toda mi ansia tu dibujo de la siesta.
cuando cuando cuando?
Mmmmm, diría que la abuelita debe saberlo, jeje! Me ha gustado mucho, de verdad!
hu-ha!
pues estara en la calle en mayo, antes del salón, para que no nos coman los grandes estrenos.
por cierto, sabes que tu sueño de la arena se puede cumplir? al igual que esxisten viajes solidarios a la india, existe uno en costa rica para ayudar a las tortugas a llegar al agua y a proteger los nidos. mi tia estuvo allí hace unos años, fue una guardiana de la arena. lo dejo caer.
un dia de estos me pasaré a ver a los fenixeros, ya te avisaré, como me mudo a maragall ahora esta más cerca.
un beso!
Juas que guai, esas son historias interesantes de las que se podrian hacer cortos y cosas así
Post a Comment