
Una vez de peque tuve un pez de colores muy bonito. Éramos amigos. Éramos tan amigos que cuando llegó el verano y nos fuimos de viaje, como no sabíamos que hacer con él, pues lo tiramos a un río.
Al regresar de vacaciones alucinábamos: nadie supo cómo, pero había conseguido volver a casa... uf! y llevaba un cabreo encima de la ostia!
Pero bueno, nada que no arregle un acuario nuevo (barco hundido de plástico incluido) lleno de pececitas cachondas.





1 comments:
Jajaja! Que crack eres! Menos mal que no te dió por una piraña... Estoy ansiosa por ver tu versión sobre la historia del conejito de indias (que en paz descanse...) jejeje! ;p
Post a Comment